martes, 16 de febrero de 2010

Espacio publicitario

Técnica: fotografía -muñeca de porcelana, cabeza reconstruida con restos de la original y arcilla-, collage
by EC

martes, 9 de febrero de 2010

LOS MANIQUÍES DEL DEMIURGO

Hoy estaba sentado en el 102 con mi china, volviendo ya para casa y charlando sobre cosas de la vida, cuando, en un momento dado, el bondi paró en una plaza y subieron unas cuantas almas anónimas. Nada en especial. Ese es el problema ¿No? Nunca nada en especial. Sin embargo, lo que me llamó la atención de toda esta gente que subió fue un grupo de pendejitas -sí, “itas”, si habrán rasguñado como mucho los siete años-. Se comportaban como una versión primitiva del prototipo de mina cool -esa mezcla entre puta light y barbie ultra-pop-, con todos sus gestos, ademanes, miradas y comentarios, todo artificial, teatral y sobreactuado, y ¡Sólo siete años! Encaminadas a los arquetipos desde que son un fetos parlanchines. Como dije: nada en especial.

Habita entre este nido de moscas y el Reino de los Absolutos -esa ciudad extraterremal edificada por la quimera colectiva- un Hombre-verdad, algo así como un semi-dios: el Arquetipo. Es modelo: las exigencias de la sociedad se expresan en su persona. Es símbolo: esconde tras su imagen las estructuras que mantienen viva a cada sociedad –mandatos divinos o seculares, moral, disciplina, guerra, odio institucionalizado, etc…-. Estas funciones se verifican en arquetipos de todos los tiempos: la autoridad y el orden encarnados en Marduk, la mansedumbre en la imagen bíblica de Abraham, el escultórico ideal de belleza grecolatino, la bestia rubia de la propaganda goebbeliana, el businessman triunfador de la TV o la modelo del almanaque.

El arquetipo es una imagen y una idea. Es cuerpo y mente, es un ser completo.Tiene sus gestos, su manera de vestirse y de hablar, de amar y odiar, de obrar y pensar. Cada detalle que forma al Arquetipo es fundamental para el trabajo del Demiurgo, ese gran aparato de control y adoctrinamiento que funciona como individuo colectivo y que engloba: familia, escuela, club deportivo, iglesia, medios de comunicación, hospitales, sanatorios y otras numerosas instituciones. Esta red con conciencia propia, creada para el dominio y la homogeneización de cada miembro de la sociedad, comienza su trabajo modelando la materia prima –esa criatura de “arcilla” llamada niño- acorde al modelo del establishment.

Uno de los órganos infalibles del Demiurgo son los medios masivos de comunicación, con su capacidad de envolver los sentidos y vegetalizar al espectador. La pantalla se inunda de publicidades histriónicas donde el rockerito rebelde de la MTV se aparea con hembras de grandes culos, donde la mina se gana las miradas de todos con sus rizos definidos y sus labios brillantes y donde el yuppie vividor fuma su Marlboro mientras exhibe su 4x4. Es así como, alimentando el hedonismo y promoviendo el eudemonismo materialista, el Demiurgo construye la idea de “premio” en los individuos. Él sabe que hay que proveer a los siervos de ciertos placeres para mantener la estabilidad. No son sólo máquinas -como en su momento habrá creído Frederick Taylor-, son bestias con estómago y y verga. El peón necesita su dosis semanal de irracionalidad, o más bien sensación de irracionalidad -nada escapa de los cálculos del Demiurgo-. En este siglo XXI no se puede explotar a todo el ganado humano con la misma facilidad de hace dos siglos atrás, no basta con que se le tire al obrero dos migajas de pan después de que ha estado laburando toda la semana como cucaracha. Hay que justificar su esclavitud diaria, dándole una noche de boliche, un strip-dance o un partido de fútbol. De este modo, el Demiurgo, con su naturaleza proteica y multifacética, organiza científicamente y mantiene bajo control la ilusión de escape. Con eso ya se ahorra tener que sofocar algunas huelgas y barricadas.

Hablemos de los arquetipos familiares. De lunes a viernes, papá llega a casa después de haber estado laburando todo el día como el esclavo moderno que es, se sienta a ver el noticiero necrofílico de la tarde, escupe algunos comentarios como “a estos negros de mierda habría que matarlos a todos” o “hace falta mano dura en este país”, y termina el día sepultado en la cama –a lo sumo se masturba con alguna Playboy que tiene escondida por ahí-. Llega el fin de semana y se permite el lujo de ver algunos partidos de fútbol y tomarse unas cervezas. Aprovecha también para juntarse con Rodolfo y la muchachada: discute con ellos sobre deportes y hace alardes del gran negocio que tiene en manos. Todo un triunfador. Mamá yace achicharrada en el living, hablando por teléfono con Marta sobre cosméticos y bijouterie. Momificada en la rutina, con su licuadora y sus libros de autoayuda. Fantaseando con estirarse la cara para no verse como una cincuentona desabrida. Esos dos cadáveres, sostenidos por un pedo vital que les dice “mañana a trabajar, para ganarse el pan de cada día”, son los primeros en dar forma a la materia prima, alimentando en su interior a los gusanos de la fobia, el odio, los prejuicios y el moralismo barato.

La escuela. Otro teatro de arquetipos. Desde el principio educan a jueces y verdugos ¿No recuerdan cuando la profesora de matemáticas felicitaba al “aplicado” y castigaba a los “indisciplinados”, y cómo eso se invertía en las clases de educación física, donde al “sabelotodo” lo cagaban a palos? Pues es sencillo: en las clases teóricas se idealiza al arquetipo del joven estudioso, es decir, con buena capacidad para memorizar teoremas, definiciones y demás porquerías; ya que la sociedad del futuro necesitará científicos y jueces (todos íntegros ciudadanos, con corbata ajustada y bozal bien puesto). Mientras tanto, en las clases de educación física se premia al mastodonte que escupe fuego, al atleta combativo, al macho alfa fornido y competidor; ya que esa misma sociedad del futuro reclamará también soldados de sangre fría y rabia chauvinista, listos para invadir Polonia y aplastar inadaptados.

El Demiurgo ha triunfado: generaciones de conciencias manufacturadas transitan las calles. Sin preguntar. Sin responder. Putean por esto y por aquello, pero la verdad es que no les interesa salir de la Caverna (tiene un buen aire acondicionado). Tampoco pueden ver más allá del horizonte de los arquetipos. No se atreven. Uno de los grandes temores de las personas -diría que de los más profundos, más allá de que te afanen el DVD o te pegue un tiro algún pacoinómano de ocho años- es despojarse de la obra del Demiurgo, liberarse de esa gran máscara social, y descubrir que allí, detrás de esos 40 años de vida mediocre y condescendiente, hay gusanos. Sólo gusanos.

by EC

miércoles, 3 de febrero de 2010

Poema que dio nombre al blog:

Maldito Siglo XXI

Maldito siglo XXI. Viajes al Caribe. Vibradores parlanchines. Orgasmos con lucecitas. Hembras sintéticas.

Maldito siglo Barbie. Vaginas portátiles. Ciudades arrasadas. Erecciones post-mortem. Cuerpos agusanados. Realitys. Hemoglobina.

“Vive la vida”. “Vive la primavera”. “Vive y calla”.

Maldito siglo XXI. Nuevas leyes. Nuevos dioses. Corderos adictos a los terabytes. Peones de barro con vergas humeantes y vicio de sangre. Nuevas cruzadas. Nuevas biblias.

“¡Come!”. “¡Coge!”. “¡Teme!”. “¡Odia!”. “¡Caga!”. “¡Muere!”

Maldito siglo XXI. Liberalismo barato. Fascismo ultra-pop. Faloteísmo. Verdugos con anteojos de sol. Putas light bailando sobre el patíbulo. Sonrisas. Aplausos.

Maldito siglo XXI. Educando a los coprófagos del futuro. Inyecciones de veneno patriótico y moralismo tatcheriano en el aula. Pinchazos de ética Coca-Cola en la calle. Felaciones y cadáveres en la TV. Doctrinas de odio en casa.

"Mira a ese puto. Mira a ese loco. Mira ese negro ¡Vuelve a tu tierra con tus enfermedades y tus excesos de melanina!"

Maldito siglo de mierda. Eyaculaciones e instituciones. Oro y semen.

Maldito siglo XXI.

by EC